Carlos V, breve historia entre Flandes y Bruselas

Chimenea del Emperador Carlos V – Brujas, Bélgica

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Carlos V de Alemania, I de España.

Carlos perdió a su padre cuando tenía 6 años y recibió como herencia Borgoña: Flandes, Artois y el Franco Condado. Debido a su corta edad los flamencos llamaron a su abuelo paterno para que asumiera la regencia, el emperador Maximiliano de Austria. En 1516, a la muerte de su abuelo materno, Fernando de Aragón, Carlos fue llamado al trono de España bajo el nombre de Carlos I y heredó un inmenso imperio: Castilla, Aragón, Navarra, Cerdeña, Sicilia, Nápoles y las colonias americanas.

A la muerte de Maximiliano en 1519, el trono del Imperio se quedó vacante. Se llamó a elecciones y Carlos fue elegido emperador ganándole así a Francisco I gracias a la ayuda financiera del banquero Fugger, fue de esta manera que le nombraron Carlos V.

Sus inicios fueron marcados por reinos difíciles (1519-1521).

La primera dificultad que encontró fue el reconocimiento de su autoridad en España puesto que los aragoneses querían preservar los fueros especiales de sus provincias y los castellanos solo reconocían a su madre, Juana la Loca, como único soberano y, de manera general, los españoles temían que su elección al Imperio lo tornara demasiado hacia Europa Central. Y cuando fue de vista a Alemania, en 1520, la rebelión estalló en Toledo y aunque esta fue reprimida, tuvieron que esperar el regreso del soberano a España, en 1522, para que su poder dejara de ser impugnado.

La lucha contra Francia y la Sexta Guerra de Italia (1521-1526).

El conflicto con Francia comenzó en 1521. Los franceses invadieron Navarra aunque fueron golpeados duramente en los Países Bajos. En estos tiempos de guerras sin fin, se tomó la decisión de celebrar un congreso en Calais.

La mediación del rey de Inglaterra, Enrique VIII, fue un fracaso y por el contrario condujo a una alianza con el emperador: Francia fue atacada por Picardía y España. Mientras tanto, la guerra continuó en el ducado de Milán. Por otra parte, la unión con León X, en 1520, permitió a los imperialistas recuperar Milán en 1521. Luego los territorios de Parma y Plaisance fueron cedidos de nuevo a la Iglesia. La mala racha francesa continuó después de la muerte del Papa, en 1522, con la derrota del Bicoque.

Al año siguiente, Carlos V decidió invadir Francia. Un ejército imperial, dirigido por un traidor francés, el general de Borbón, intentó avanzar hacia la Provenza pero fue arrestado. En el norte, los ingleses fueron humillados, en Borgoña, los alemanes repelidos, y en Guayana, los españoles fueron detenidos. Estos éxitos deslumbraron a Francisco I quien reinició su conquista del condado de Milán. Pero la campaña fue catastrófica y terminó con su captura en Pavía (1525).

Francisco I entonces fue enviado a España y allí Carlos V le humilló tratándolo con suma crueldad. Francisco I amenazó con abdicar pero esto habría privado a Carlos V de la dicha de la victoria. Finalmente, le obligó a firmar el Tratado de Madrid a cambio de su liberación (enero de 1526) aunque este nunca se cumplió.

La traición de los aliados de Carlos V y la séptima guerra de Italia (1526-1529).

El gran poder de Carlos V inquietaba a sus aliados: Enrique VIII hizo alianzas con Francisco I y el Papa Clemente VII dirigió la liga de estados italianos la cual fue conquistada. El general Borbón, que debía pagar sus tropas, fue a Roma y estos saquearon la ciudad (1527). El Papa fue hecho prisionero en nombre del Emperador, lo que provocó la indignación de toda Europa.

Como la guerra se hacía eterna y comenzaba a costar mucho, Francisco I y Carlos V firmaron la Paz de Cambray (agosto de 1529) en la cual el Emperador renunció a Borgoña para siempre. Al año siguiente visitó Italia, instaló de nuevo a los Medici en Florencia y se hizo Rey de Lombardía y Emperador de los Romanos, haciéndose coronar por el Papa.

La cruzada contra el Turco.

Como Francisco I firmó las capitulaciones con el Turco y Venecia prefería negociar pacíficamente, Carlos V se quedó solo en su lucha por la Cristiandad contra los Otomanos. Así que se vio obligado a proteger la frontera con Hungría y el Mediterráneo Occidental. Mientras tanto, al  este, el Turco se hacía con Belgrado en 1521, después con  Rodas, hasta que por fin fue hecho prisionero en Viena en 1529.

El Turco avanzó igualmente en el Mediterráneo Occidental ayudado por sus piratas (Barbarroja y Dragut). Allí tomó posesión de regiones como Túnez en 1534, la cual sería retomada por Doria al año siguiente), de Argel (1541), de Trípoli (1551), de Penon (1554) y de Bougie (1555).

El oro de las indias: en 1503 se creó la Real Casa de Contratación de indias, organismo encargado de manejar el comercio y las diferentes explotaciones imperiales. Sin embargo, solo se pudieron hacer grandes recaudos después del descubrimiento de los depósitos del Alto Perú en 1545. Quizás Carlos hubiera podido triunfar aún más si estos recursos hubiesen llegado antes porque sus guerras acababan con las arcas imperiales. En 1545, los dados estaban tirados: el Turco era en vencedor en el Mediterráneo y Francia no había cedido ni una pulgada de su territorio.

De hecho, la riqueza imperial solo pasaba por España, permitiendo sobre todo crear empleos y bienestar en las otras potencias.

El final del reino: la caída de los Habsburgo.

Durante su reinado Carlos V tuvo que luchar regularmente contra los protestantes. En 1538, se vio obligado a firmar una tregua con la liga de Smalkalde apoyada por Francisco I. En 1547, derrotó a los príncipes luteranos en la batalla de Mühlberg y exigió su regreso al seno de la Iglesia católica en un reglamento llamado el Interim de Augsburgo.

Pero los protestantes se unieron al nuevo rey de Francia, Enrique II. Carlos V por poco es hecho prisionero en Innsbruck y, frente a esta demostración de fuerza tuvo negociar el tratado de Passau, en el que autorizó el ejercicio de la religión protestante.

Sin embargo, las perturbaciones continuaron hasta la muerte de su principal promotor, Maurice de Saxe, así que solo se logró firmar la Paz de Augsburgo en 1555, la cual reconocía el protestantismo en todo el Imperio según el principio de cuius regio, eius religio. Carlos, debilitado y decepcionado, se retiró a los Países Bajos en Bruselas donde el emperador abdica en 1555 y se iria al Monasterio de Juste su última residencia.


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